El Tiempo

EL TIEMPO
“Paciencia es poder. Paciencia no es la ausencia de acción; es esperar el momento exacto para actuar, por los principios correctos y de la manera correcta”.
-Fulton J. Sheen

Sabías que… el tiempo es un elemento vital en la resolución del conflicto. El tiempo puede ayudar a resolver conflictos, pero el tiempo también puede hacer que el conflicto escale a niveles no deseados.

Muchos de nosotros tal vez no lo sepamos, y otros tal vez no le prestemos mucha importancia, pero en ocasiones el conflicto nos mantiene prisioneros.

Dice un viejo refrán que “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, Sin embargo, el conflicto tiene una secuencia de vida. El conflicto nace, crece, se desarrolla, en ocasiones muere, y en otras sigue latente por muchísimos años. El conflicto nace por una incompatibilidad, una percepción de incompatibilidad o simplemente una acción que denota la incompatibilidad entre individuos. Ese nacimiento, aunque en su mayoría de las veces no reconocido por sus padres, como toda criatura recién nacida, crece y se desarrolla alimentada por sus progenitores. Su evolución se da espontanea, ante los ojos ciegos de los involucrados, quienes la mayoría de las veces no preveen las posibles consecuencias y continúan con el juego malintencionado como quienes juegan un partido de tenis.

Así las cosas, el conflicto sigue ganando tamaño, como una bola de nieve que rueda por la montaña recogiendo la nieve que cayó de la tormenta de la noche anterior, y que se compacta, se fortalece y gana velocidad haciéndose cada vez más difícil detenerla. Al igual que la bola de nieve, el conflicto crese y es alimentado por la mal intención de las partes, aun cuando en ocasiones no la han identificado aun, y solo pretenden que todo es únicamente una respuesta al ataque de la otra persona.

En esta etapa inicial, el tiempo puede resultar negativo. El tiempo da espacio a mayor cantidad de eventos, y con mayor cantidad de eventos, mayor probabilidad de que la pequeña bola de nieve se convierta en una avalancha. Escuche a alguien decir una vez que “los conflictos no envejecen bien”. Hay que atenderlos a tiempo, y antes de que nos causen daño.

Por otro lado, el tiempo debe ser el correcto. Es preciso identificar, cuando las emociones han rebasado un nivel que pudiera poner en peligro la seguridad e integridad física de alguna de las partes. Entendemos que una conversación es sumamente necesaria, pero si se percibe que es peligroso tener esa conversación inmediatamente, lo mejor será esperar al momento adecuado. Pero ¿cómo sabremos cual es el momento adecuad? Lo sabremos… créanme que lo sabremos.

Debemos entender que las emociones y la razón están a lados opuestos de una balanza. Cuando una está arriba, por lo regular la otra estará abajo. Lo ideal será que tengamos la conversación cuando haya un nivel adecuado entre ambas, que nos permita tener una conversación efectiva, pero no, peligrosa. Sabremos cuando es el momento adecuado, siempre que seamos buenos observadores. Típicamente conocemos a la otra persona, y sabemos su historia, la historia de su lado del conflicto e imaginamos lo que debe haber experimentado; sabemos lo que le hicimos, con el propósito que lo hicimos, y cómo lo hicimos sentir. Al igual que sabemos cómo nosotros nos sentimos cuando nos hirieron. Por lo tanto, sabremos cual será el momento adecuado.

Sin embargo, más allá de la historia, la realidad es que el conflicto nos afecta en lo personal, y necesitamos salir de él; ponerle punto final. Y mientras más tiempo pase si resolver, más tiempo nos robará, y más tiempo seremos preso de él. Por lo que el tiempo perfecto para que unamos fuerzas (la otra persona y yo) y enfrentemos juntos al que nos ha robado la paz por todo este tiempo: el conflicto.

Qué me gustaría que nos lleváramos de todo esto: Recuperemos el control de nuestras relaciones, controlando el tiempo a nuestro favor, y atendiendo las discrepancias y conflictos sabiamente, y con sentido de prioridad. No permitamos que los conflictos escales a niveles indeseados, y que nos convirtamos presos de ellos.

José A. Milián
Asesor en Métodos Alternos

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